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Conceptos básicos del seguro: riesgo, prima y póliza

By 11 de mayo de 2021junio 16th, 2021No Comments

Muchas veces oímos hablar de la falta de cultura financiera, pero muy poco oímos hablar de la falta de cultura aseguradora. Ambas cosas, en realidad tan importantes hoy en día para cualquier persona -pues en un momento u otro estos conceptos van a entrar en nuestra vida- están olvidadas.

Si es tan conveniente saber lo que es un préstamo o una hipoteca, un interés fijo o variable referenciado a tal o cual índice, un fondo de inversión o la tan comentada cláusula suelo de las hipotecas; no menos importante -y en cambio mucho más desconocido- es el propio concepto de seguro. Sin embargo, ¿en qué colegios se imparte una asignatura o un seminario?… El que esto escribe una vez le invitaron a dar una clase a unos adolescentes y parecía que hablaba de otro mundo.  Tiene mucho que ver el lenguaje específico que hemos ido empleando: infraseguro, regla proporcional, primer riesgo, valor de reposición…

Por ponerlo fácil: el seguro es una manera de contribuir entre muchos a lo que les pueda ocurrir a muy pocos. Así de simple. El seguro necesita una entidad que lo organice, llamémosle compañía aseguradora o mutua, y que alguien lo comercialice: la propia entidad aseguradora o un mediador de seguros.

Empecemos por lo básico: el riesgo

El componente esencial sobre el que todo esto se sostiene es “el riesgo”. Para que exista el seguro debe existir un riesgo al que la persona está expuesta. Representa una circunstancia que tiene probabilidad de suceder y que el asegurado quiere cubrir económicamente mediante el pago de una prima, es decir, el precio del seguro.

Hay bienes expuestos a mayores o menores riesgos, personas expuestas a mayores o menores riesgos, actividades expuestas a mayores o menores riesgos… En función de una cosa u otra la aseguradora fijará una prima, es decir, el precio del seguro, a la que añadirá sus gastos y su margen de beneficio, la comisión del mediador y los impuestos repercutibles en la mayoría de los casos (que no son IVA, sino IPS, actualmente del 8%); la aportación al Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) y a la Compañía Liquidadora de Entidades Aseguradoras (CLEA).

Pero dos riesgos aparentemente iguales –pongamos por caso dos almacenes de paja– en realidad pueden no serlo. Como es muy visual creo que se entenderá enseguida:

 

El primero está en un descampado sin más protección que un tejado y al lado de un aserradero; mientras el otro está en las afueras del pueblo, cerrado por cuatro paredes y contiguo a la casa del amo, con una instalación de detección de humo y una alarma conectada a una central de seguridad.

No es lo mismo, ¿verdad?

Otro caso sería el de dos gerentes de empresa: uno va del trabajo a casa y de casa al trabajo; y el otro, en cuanto puede, se pone las botas y se va a hacer todos los picos de 4.000 metros del mundo. Tampoco es lo mismo, ¿verdad?

Por último, también a modo de ejemplo sencillo, el de dos albañiles: uno hace remiendos y otro hace derribos, la posibilidad de ocasionarse un daño a sí mismo (seguro de accidentes personales) o a los demás (responsabilidad civil) no es el mismo.

¿Qué significa esto?

Disponer de la información adecuada permite evaluar el riesgo que la aseguradora asume -o no- y, en consecuencia, le permite corregir el precio del seguro, disminuyéndolo o aumentándolo. Solo así podemos asegurar la cobertura efectiva de la póliza de seguro.

Conociendo el riesgo la aseguradora sabrá si quiere asumirlo o no, y si lo asume lo reflejará en una póliza, es decir, el contrato de seguro entre un asegurado y una compañía de seguros que fija unas coberturas, limitaciones y exclusiones que al asegurado le interesará muy especialmente conocer y, si fuera el caso, aceptar, formalizando el contrato y pagando la prima del seguro.

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